JOSÉ PEDRO INFANTE CRUZ UN GRAN MITO MEXICANO

Cuando las mujeres de los años cuarenta comenzaban a experimentar desenfrenados deseos de libertad y de vivir nuevas experiencias, desligadas de antiguos tapujos morales, este cantante y actor
de
Guamúchil, Sinaloa apareció en las
radios y pantallas del cine mexicano para inspirar hasta sus fantasías más ocultas.
Dicen que su piel trigueña, su peinado tupe perfecto y su par de ojos negros muy coquetos y alegres con los que lanzaba fogosas y penetrantes miradas a delicadas damas, que con sólo sentir su presencia, se rendían a sus pies.
Su estupenda figura y su chorro de voz cuando cantaba al oído de alguna dama en sus películas

fue lo que cautivó a millones de mujeres mexicanas y el mundo. Jóvenes, maduras, solteras y casadas acudían al cine a ver cómo con su incansable energía, sencillez, alegría , coquetería y picaresco estilo seducía a sus co-protagonistas en cada una de sus películas. Pedro Infante se convirtió en la fantasía de todas las féminas que en los difíciles y desenfadados años cuarentas y cincuentas soñaban con dejarse llevar por los aires de libertad que enarbolaban estas gloriosas e ilusa décadas y vivir la aventura más pecaminosa, dejando atrás, de una vez por todas, todo rastro de la estricta moral que había sido impuesta tiempo atrás durante la prejuiciosa era revolucionaria.
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